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martes, 11 de septiembre de 2012

Por una nueva izquierda


Por Federico Reyes Heroles

A la memoria de Ernesto de la Peña, por la bonhomía de su erudición.



Si no fuera un asunto serio podría uno reírse. Un legislador del PRD, Martí Batres, lanzó una iniciativa de ley que criminaliza las encuestas. Leyó usted bien. Aquel que difunda encuestas de intención de voto antes de las elecciones debería ir a la cárcel. Esos son los demócratas de nuestra izquierda. Convencido, como su líder AMLO, de que el 70% de los electores somos estúpidos, masoquistas o manipulables, el legislador cree que los mexicanos no somos aptos para recibir información de lo que piensan los otros mexicanos. En la mejor tradición estalinista propone censurar, para que la información sea restringida y administrada por el soviet supremo. Igual que en Cuba o Corea del Norte. Vuelta atrás en la historia de por lo menos 50 años.

Comprender que las encuestas y la democracia van de la mano está fuera de su alcance. Dónde están las de Cuba, por poner un ejemplo. El hecho de que las sociedades que viven en libertad estén fincadas en el libre flujo de información sin limitaciones estatales resulta anatema para el legislador. Por lo visto está fuera de sus horizontes intelectuales y culturales imaginarse cómo operan las sociedades en libertad. Valdría la pena que el Legislativo le pague a este legislador los trámites de su pasaporte y lo envíe a darse una vuelta por el mundo. Quizá así se percataría de que piensa como en el paleolítico primero.

Lo grave del asunto es que este dinosaurio retrata de cuerpo entero el porqué profundo de la crisis de la izquierda en México. En un país con una enorme injusticia social, en un país donde las leyes fiscales no modifican la desigualdad, en un país donde las diferencias siguen siendo abismales, en un país necesitado de propuestas justicieras modernas y no ideológicas y con olor a naftalina, la izquierda se sigue dando contra la pared. Lo primero sería leer la realidad. Setenta por ciento de los electores votó por otras opciones. En pocas palabras votó contra las alianzas de la izquierda. El 70% prefirió al desgastado PAN o al PRI de mala fama histórica que a la izquierda. Los masoquistas, para recordar la expresión de AMLO, fuimos muchos. ¿Por qué?

La respuesta es triste. Desde la ruptura en el PRI de Cuauhtémoc Cárdenas hace un cuarto de siglo, la izquierda ha sido incapaz de construir una alternativa discursiva sólida y moderna. Dos grandes líderes y caciques le dieron vida, votos y dinero a la izquierda: Cárdenas y AMLO. Especialista en destruir instituciones y no en crearlas, esa izquierda apostó al mismo juego: apostar al gran líder que los lleve a Los Pinos. A diferencia del PAN que apostó primero a la periferia y desde allí llegó al centro, la izquierda decidió caminar a la inversa. Con toda la tela de injusticia social que está frente a los ojos de cualquier mexicano, hoy la izquierda no convence más que al 30% del electorado. Pero hay más.

El dinosaurio priista logró reinventarse y venderse muy bien: pasó de ser, hace una década, el partido con la peor reputación a ser hoy el que ostenta la mejor. Cuando algunos se preguntan cómo es posible el retorno del PRI, parte de la explicación radica en el desastre de la izquierda. Su caciquismo institucionalizado compite codo a codo con el viejo priismo. Por si fuera poco los jóvenes no votaron por la izquierda. Será acaso que son menos inquietos que hace medio siglo, o quizá la contrahecha oferta de la izquierda entre lo institucional y lo subversivo -contrario a las instituciones- no los convenció.

La ambigüedad de los líderes perredistas trae factura. Por fin, ¿fueron elecciones limpias o no lo fueron? Lo que no se vale es cobrar del presupuesto durante años y salir a escupirle al proceso electoral por la evidente razón de haber perdido. Claro ahora su democracia exige desaparecer a las encuestas. Si hubo ilegalidades, por qué no las denunciaron a tiempo. ¿No han comprendido que esa sociedad injusta opera en una economía abierta que espera modernidad en la vida política? Las generaciones post-TLC son hoy mayoría. La sociedad abierta en lo económico y lo político por fortuna se ha instalado en la mente de millones de mexicanos. México es hoy otro y la izquierda ignorante y autoritaria no lo ha entendido.

Aplaudo que la ruptura entre AMLO y el PRD esté en puerta. Muchos mexicanos apoyarían -apoyaríamos dijo el otro- a una nueva izquierda moderna, abierta, más informada o menos ignorante, que no se ufane de no tener pasaporte y no conocer Nueva York, que sea capaz de entender el Índice de Gini que mide la desigualdad y de aceptar cuáles son las medidas que se tienen que adoptar para disminuir la pobreza y generar una sociedad más justa.

Ni el perseguidor de las encuestas ni AMLO caben en ese nuevo mundo al que pertenece México por propio derecho. Sus locuras e imaginerías le han causado un enorme daño a la izquierda y al país. Bienvenida la ruptura, ojalá dé nueva vida a los verdaderos progresistas.





 

sábado, 4 de agosto de 2012

La intolerancia del"rayito exterminador"

COLUMNA INVITADA


Intolerancia
Por Jaime Sánchez Susarrey

Sicilia no exageró cuando afirmó que en los entornos de López había corrientes con espíritu fascista. Su dicho no era fruto de la observación. Lo aseveró porque había padecido su intolerancia

El Movimiento Progresista no presentó ninguna información jurídicamente relevante en su impugnación de la elección presidencial. Todo se reduce a dichos en la prensa o presunciones.

Respecto de la cadena Soriana, el alegato se centra en las casi 3 mil tarjetas con el logo de la CTM, que habrían sido utilizadas para comprar el voto. Nada más.

Pero la debilidad de la argumentación es evidente. Tres mil tarjetas versus 50 millones de sufragios y más de 3 millones de votos de diferencia a favor de Peña Nieto vuelven ridículo el alegato.

Y por si fuera poco, la respuesta de los directivos de Soriana fue tajante. Las tarjetas con el logo Soriana/CTM datan de 2010, cuando se firmó un convenio con la central obrera para premiar la fidelidad de los consumidores sin que se pueda depositar en ellas efectivo.

Pese al desmentido de la cadena, y pese al hecho que el Movimiento Progresista no ha presentado pruebas sustantivas para confirmar la colusión en la compra de votos, las tiendas y los trabajadores de Soriana han sido objeto de presión y manifestaciones.

La última y más violenta ocurrió el lunes 30 de agosto. La sucursal ubicada al oriente de Monterrey fue atacada a las 6:40 horas con dos bombas molotov. El atentado no encaja, por lo rudimentario de los artefactos, en la violencia asociada al crimen organizado.

No extraña, por lo tanto, que los directivos de Soriana hayan publicado un desplegado claro y directo: "Señalamos en forma particular a los señores Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Monreal y Jesús Zambrano como responsables de todos los daños físicos y materiales que tanto nuestro personal como nuestras instalaciones pudieran sufrir en las manifestaciones que promueven e incitan...".

La respuesta del PRD fue inmediata. No sólo se deslindó de cualquier responsabilidad, sino que además se proclamó víctima de una provocación. Los enemigos de López habrían perpetrado el atentado para desprestigiar al Movimiento e identificarlo con la violencia.

Pero quien, como siempre y como debe ser, se llevó las palmas fue el rayito exterminador: "Los dueños del PRI -escribió en Twitter- pensaron que podían comprar la Presidencia y ahora su dinero ilícito los está desnudando. No me culpen a mí. Serénense".

Así que a buen entendedor pocas palabras: Soriana no es inocente. Las manifestaciones y los atentados en su contra no son responsabilidad de López, sino de los directivos que se coludieron con los priistas. Serénense y aguanten vara porque el pueblo indignado tiene motivos de sobra.

Dicho de otro modo, López no se deslinda ni se dice víctima de una provocación. No, de ninguna manera. Recular no es lo suyo. Eso está bien para los serviles, como Jesús Zambrano. Su "razonamiento", por el contrario, explica lo que está ocurriendo. Pero más importante, justifica y da su aval para nuevos atentados y manifestaciones.

Toda la historia de las tarjetas de Soriana es parte de un montaje. Primero fueron los anaqueles vacíos de una tienda en Iztapalapa el 2 de julio, donde por pura casualidad se encontraba un fotógrafo de La Jornada. Se dijo entonces que esa turba de consumidores estaba integrada por los que habían vendido su voto.

Luego se produjo la clausura de ésa y otra tienda en la misma delegación. Se alegaron faltas en el cumplimiento del reglamento, pero fue claro que se trataba de un acto de intimidación de una delegación cien por ciento amlista.

Después, el 8 de julio, decenas de personas entraron a una sucursal en Gabriel Mancera, Ciudad de México, para protestar por el presunto apoyo de la cadena a la campaña de Peña Nieto. Según los directivos de Soriana, del 1o. de julio a la fecha se han registrado 180 incidentes -entre manifestaciones y ataques- en sus tiendas.

Todos estos hechos se inscriben en una secuencia de larga data. Las intimidaciones, vía redes sociales, contra aquellos que osaron criticar a López fueron una constante antes y después de la jornada electoral.

Pero el lenguaje soez y estúpido en Twitter dio un salto cuando Loret de Mola fue increpado a la salida de Televisa el día de la entrevista de López Obrador en Tercer Grado. Y dio otro paso adelante cuando una pequeña turba insultó y escupió a Carlos Marín.

Como parte del mismo programa, durante el recuento de votos, los trabajadores del IFE, como los de Soriana, fueron agredidos por jóvenes que se decían del #YoSoy132.

Y para que se entendiera que no se andaban por las ramas, golpearon y zarandearon el auto donde iba el presidente del IFE. Como antes habían hecho con la camioneta que transportaba a Peña Nieto en plena campaña electoral.

Quien minimice estos hechos y los considere parte del anecdotario se equivoca. López, Monreal y Zambrano tienen una responsabilidad real. Sus denuncias y sus consignas, sin prueba ni sustento, han sido acatadas como verdades absolutas y son parte de una cruzada.

Javier Sicilia no exageró cuando afirmó que en los entornos de López había corrientes con espíritu fascista. Su dicho, como él mismo explicó, no era fruto de la observación. Lo aseveró porque había padecido su intolerancia y hostigamiento.

Eso fue lo mismo que Cuauhtémoc Cárdenas escribió hace seis años en respuesta a Elena Poniatowska: "me preocupa profundamente la intolerancia y satanización, la actitud dogmática que priva en el entorno de Andrés Manuel para quienes no aceptamos incondicionalmente sus propuestas y cuestionamos sus puntos de vista..."

Por desgracia, pero como era previsible, a seis años de distancia la intolerancia y satanización, lejos de haber menguado, tienen ya un perfil violento y cuentan con la bendición del rayito exterminador.

San Andrés, ten piedad de Soriana y de nosotros también.

 

viernes, 11 de mayo de 2012

Homosexualidad, matrimonio y homofobia



Columna de Armando Fuentes "Catón" publicada hoy por el periódico Reforma


Obama adelante
Por Catón

Jamás me he avergonzado de mi heterosexualidad. Ni siquiera ahora que tan de moda está ser gay me meto al clóset para ocultar mi condición de varón heterosexual. No por jactancia, sino por gratitud, declaro, firmo y sello que he disfrutado siempre, y gozo todavía -¡bendito sea el Señor!-, los infinitos goces que derivan de "esa suave pasta" que, decía don Juan Valera, es la mujer. También afirmo sin ningún reparo que si Dios, en su sabiduría omnisciente, me hubiera hecho ser homosexual, igualmente habría gozado mi homosexualidad, procurando siempre, como he procurado en mi condición de "straight", no hacerme daño ni causarlo a otros. Yo simpatizo mucho con los homosexuales. De hecho, algunos de mis mejores amigos no son homosexuales. A veces alguien me reclama mi simpatía por los gays. El otro día un hombre joven se me acercó al final de una conferencia y me espetó: "Oiga: ¿por qué defiende usted tanto a los maricones?" Atiné a responder: "Para que ya no haya quien les llame 'maricones'". Quizá, lo reconozco, la actitud que guardo en relación con los homosexuales sea expresión de un remordimiento. Tendría yo 8 o 9 años, y junto con un amiguito le grité en la calle: "¡Joto!" a Robertito Guajardo, el homosexual más conspicuo y notorio de Saltillo, mi ciudad. Él se volvió, enojado, y fue hacia nosotros. Corrimos llenos de susto, y Robertito hizo por perseguirnos. Lo detuvo una buena señora que desde la puerta de su casa había visto aquello. "Déjelos, Robertito -le pidió-. Son niños". Respondió él, ahora con voz doliente: "¿Por qué me gritan cosas, doña Fina? ¡Así me hizo Dios!" Tenía razón: así lo hizo Dios. Y sin embargo aun en nuestros días los hombres que dicen ser de Dios tratan como seres anormales a los gays, les niegan el derecho a vivir su homosexualidad, y califican su amor de abominación y de pecado contra el Espíritu. Apenas en abril pasado un jerarca español, Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares, dijo en su homilía del Viernes Santo hablando de los homosexuales: "Piensan desde niños que tienen atracción hacia personas de su mismo sexo... Os aseguro que encuentran el infierno". Por sus palabras, apartadas lo mismo de la caridad cristiana que de la legalidad, el dignatario está siendo objeto de una investigación judicial. Si hoy viviera Robertito Guajardo, yo le pediría de todo corazón que me perdonara, pues aquel grito con que lo ofendí, pese a ser acción de niño, lo llevo todavía en mi conciencia como una culpa que me apena. Digo todo esto porque he aquí que Barack Obama, quien está en plena campaña para buscar su reelección, declaró a una importante cadena televisiva su apoyo a las uniones legales entre homosexuales. "Las parejas del mismo sexo deberían poder casarse", manifestó sin reticencias. Añadió que después de varios años de reflexión evolucionó en sus ideas sobre el caso, y llegó a la conclusión de que en ese tema "hay que ir hacia adelante". Arriesga mucho el Presidente norteamericano al decir eso. Su actitud es valerosa, y merece reconocimiento. Con su postura, Obama da nuevo impulso a la causa de los derechos civiles en su país, y ayuda a fortalecer la lucha contra la hostilidad y discriminación que sufren todavía las personas de preferencias sexuales diferentes.

viernes, 13 de abril de 2012

En defensa de la Fiesta

Columna de Sergio Sarmiento publicada por el periódico Reforma


"De ser toro, preferiría morir en el ruedo y no en el matadero".

Catón (Armando Fuentes Aguirre)

 
Si la propuesta fuera de carácter general, y buscara impedir la tortura o la muerte indebida de cualquier animal, no habría nada que objetar. Pero no es así. La iniciativa aprobada en comisiones por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, que está en espera de un espacio en el pleno, no pretende proteger a los animales del sufrimiento sino prohibir una fiesta popular y tradición cultural que es muy importante para cientos de miles, quizá millones de personas.

Primero quiero hacer una aclaración de interés o, en este caso, de no interés: no me gustan las corridas de toros. No es que no aprecie el arte taurino sino que me perturban la sangre y la violencia. A pesar de provenir de una familia andaluza con gusto por la fiesta brava, coincido con el escritor Francois Mauriac quien, tras haber sido aficionado a las corridas, no pudo ya asistir a ellas después de la Segunda Guerra Mundial por el recuerdo de los horrores que había vivido.

El que no me gusten las corridas, sin embargo, no me da derecho a buscar la prohibición de un festejo cultural. Y la iniciativa que están considerando los diputados capitalinos sólo busca eso. No se preocupa por el bienestar de los toros o de otros animales, sino simplemente por prohibir una fiesta que a algunos diputados no les agrada.

Es verdad que el toro muere en la fiesta brava, pero lo hace en condiciones menos lastimosas que muchos animales sacrificados para el consumo de los humanos y por los que los diputados no se han preocupado. En una corrida el astado muere en combate y con el organismo lleno de adrenalina. Como bien lo puede atestiguar cualquier persona involucrada alguna vez en una pelea, durante ésta la adrenalina reduce el dolor de una manera drástica. Ésta es la manera en que la naturaleza impulsa al cuerpo a pelear para asegurar su supervivencia. Hasta donde sabemos el toro bravo muere en el ruedo con menos dolor que la res en el matadero.

El toro de lidia vive usualmente en condiciones de gran mimo. Crece en campos abiertos y no en espacios confinados, como tantos de los actuales animales de granja. Recibe la mejor de las alimentaciones y goza de los placeres sexuales sin límite. El propósito mismo de su cría es mantenerlo en circunstancias que se acerquen tanto como sea posible a las que habría tenido en la vida silvestre. Sólo así puede tener el toro la bravura que caracterizaba a sus antepasados salvajes. Compare usted la existencia de este toro con la del buey, que no es otra cosa que un toro castrado utilizado para el engorde o para el trabajo en el campo.

El toro de lidia ha sido seleccionado y criado para combatir. Es el descendiente más directo del uro europeo, el Bos taurus primigenius. Se distingue marcadamente del Bos taurus modificado por el ser humano para darle más carne y mansedumbre. La prohibición de las corridas tendría como una de sus principales consecuencias la desaparición de este toro bravo, legado de tiempos primitivos en que los uros vivían en libertad.

La prohibición de las corridas tendría también un costo importante para una industria de la que viven ganaderos, trabajadores del campo, fabricantes de trajes de luces, toreros, banderilleros y personal de la plaza, entre otros. Muchos empleos se perderían. No los de los diputados, pero sí de gente sin poder y sin influencia política.

Quizá llegue un momento en que las corridas de toros desaparezcan porque la educación haga que la gente no sienta ya el gusto de la fiesta. Si ésta es una decisión libre, habrá que respetarla. Pero la prohibición es señal del ánimo autoritario de un grupo de políticos que, al parecer, se identifican más con el buey castrado que con el toro bravío.

 

miércoles, 11 de abril de 2012

El animal sirve al hombre...

Columna del escritor y periodista Armando Fuentes Aguirre "Catón" publicada hoy por el periódico "Reforma"


Empecemos por el principio. Conforme al mandato bíblico, o por el distinto grado de su evolución, el animal sirve al hombre, y no el hombre al animal. Así son las cosas; así ha sucedido desde los albores de la humanidad, cuando el hombre domesticó algunos animales y los usó para su servicio. Nos servimos de esas criaturas según su naturaleza: el perro cuida nuestros rebaños, o nos guía si somos invidentes, o custodia nuestra casa, o tira de nuestros trineos. El caballo nos lleva a cuestas y carga nuestros fardos. La oveja nos da su lana; la vaca su leche; sus huevos la gallina, etcétera. Comemos la carne de los animales, nos valemos de su piel o de su pelo; aprovechamos otras partes de su cuerpo. Pues bien, la naturaleza del toro de lidia es embestir. Nadie lo enseña; lo hace por instinto. El becerro de unas cuantas semanas de nacido ya da topes al que se le acerca. Por eso los hombres han usado su acometida en ritos milenarios. La fiesta de toros es uno de esos ritos. Podrá decirse que es cruel, pero ahí están su misterio, su arte y su belleza. Y ahí está el toro de lidia, hermosa especie animal que con la prohibición de la fiesta entraría en vías de extinción, pues es criatura para el ruedo, no para el rastro; originalmente su destino es luchar, no ser destazado como otros animales menos fieros. Yo de mí sé decir que, de ser toro, preferiría morir en el ruedo, y no en el matadero, que en última instancia reviste la misma crueldad; díganlo si no los vegetarianos absolutos, únicos que tienen derecho a reclamar la muerte de los animales que nos comemos y el uso de los productos que nos dan. En las corridas el toro tiene una oportunidad de salvarse -el indulto- contra ninguna que tiene el que va al rastro. Lo más irónico de esta campaña contra la fiesta brava es que esa campaña la promueven algunos que han propuesto la pena de muerte para el hombre, y ahora dicen combatir esa fiesta para salvar la vida de los toros. ¿Podrá encontrarse una mayor inconsecuencia? Igual que sucedió en Cataluña y en otras partes, lo que está sucediendo en México no es cosa de humanidad o ecología: es cosa de política.

martes, 10 de abril de 2012

Bienvenido el cambio

Los organizadores del certamen de belleza Miss Universo acaban de anunciar que abren sus puertas a participar a mujeres transgénero en una importante decisión de apertura y no discriminación. Esto fue posible gracias a la intervención de diversas agrupaciones y al activismo de Jenna Talackova, mujer transexual que naciendo varón se operó y obtuvo la identidad femenina y que será en este 2012 la primera participante transgénero en la historia del certamen. A partir de 2013 esta posibilidad se abre a los noventa países que año con año participan. Es importante porque representa un paso adelante en contra de la discriminación, sea para adoptar o para cualquier otro derecho que por orientación sexual o género se pretenda imponer. A la derecha homófoba y conservadurista puede no gustarle, pero el planeta entero apunta hacia esa dirección. "Lo único permanente es el cambio".

ALFONSO ROMERO
@trincheraciudad

viernes, 6 de abril de 2012

El señor "peje"


Por aquellos tiempos la multitud le dijo al señor peje: ¡ha muerto!. Él extendió la mano y dijo, ¡levántate y anda!, y el populismo resucitó.

-Dijo el señor Peje: uno de ustedes me va a traicionar. ¿Seré yo? dijo Ebrard, ¿o yo? dijo Encinas; miró hacia Bejarano pero ya se había ido.

-El señor Peje corrió a todos los ladrones del templo. Hubo que convocar a nuevo período de elecciones.

-Amor al prójimo y al hueso próximo. Así dijo el señor Peje. Podéis ir en paz.

-En aquellos tiempos el señor Peje le dijo a sus discípulos: pescaremos hombres, a ver luego que más pescamos.

-Y dijo el señor Peje a quienes le escuchaban: bienaventurados los pobres porque de ellos ha de ser mi bandera, no así mis acciones.

-Y le dijo el señor Peje a la Magdalena: véngase "pa cá" mi MORENA.

-En verdad en verdad te digo, el que no está conmigo está contra mí: Señor Peje.

-Y dijo el señor Peje: bienaventurados los pobres pues saben con certeza...que gracias a ellos amasaré riqueza.

-Y dijo a sus críticos el señor Peje: al César lo que es del César y a dios que me voy a un mítin.

-En aquél tiempo dijo el señor Peje a sus discípulos: amáos los unos a los otros así como yo amo a Salinas.

-Dijo el señor Peje a sus discípulos: en verdad en verdad os digo que si llego a los Pinos en 2012, de este país no quedará piedra sobre piedra.

-Y dijo el señor Peje: guardaos de los falsos que prometen trabajar por los pobres, sólo creed en mí, yo sí, yo sí.

-Y dijo el señor Peje: siempre tendréis pobres con vosotros pero a mí no siempre me tendréis. ¿Qué tanto son seis años?.

jueves, 15 de marzo de 2012

El analfabetismo de Peña Nieto


Tres libros y un copete


Por Daniel Salinas Basave*



*El autor es periodista y ganador del premio Estatal de Literatura categoría Ensayo.



La historia de México está llena de presidentes que jamás leyeron un libro en su vida. Vaya, llegamos al extremo de tener presidentes que ni siquiera sabían leer. Vicente Guerrero, héroe de la patria y segundo mandatario en la historia de la República, nunca aprendió a leer y padeció horrores para pronunciar su discurso en su toma de posesión el 1 de abril de 1829.



Pero con toda franqueza, era comprensible y hasta justificable que don Vicente no supiera leer. Un presidente encarnado en el corazón del pueblo, era coherente en su analfabetismo con un pobre país donde más del 90% de la gente no sabía distinguir las letras. De origen muy humilde, este mulato fue un arriero que se sabía de memoria las veredas y los desfiladeros de las sierras del Sur y que tenía una inteligencia natural para el combate en inferioridad numérica y de armamento.



Benito Juárez aprendió a leer a los 18 años, pero sin duda aprendió muy bien. Porfirio Díaz no era analfabeto, pero tampoco era un consumado lector y algo me hace pensar que Victoriano Huerta tampoco era un derroche de cultura, lo mismo que Álvaro Obregón, que pese a ser autor de un libro donde narra sus memorias de campaña, no lo imagino entregado a la lectura.



Ser culto tampoco garantiza ser buen presidente. José López Portillo sin duda leyó muchísimos libros (y escribió otros tantos) y seguro estoy que hubiera respondido con maestría y soberbia si un reportero le hubiera preguntado por los libros que marcaron su vida.



El problema con Enrique Peña Nieto va más allá de su analfabetismo semifuncional. El problema está en lo que hay detrás de esa absoluta ignorancia, de esa superficialidad rampante, de esa barata filosofía de las 140 palabras que le bastan para ser favorito en las encuestas. El problema está en el hueco absoluto y el vacío abismal que hay dentro de la cabeza que sostiene ese ridículo copete. El analfabetismo de Peña no me sorprende. Su figura encarna al perfecto bobo que no lee un libro en su vida. Lo que me sigue sorprendiendo y me genera una crisis de rabia e impotencia, es que semejante imbécil sea el favorito para ser el próximo Presidente de México. Vaya, en un país de más de 100 millones de habitantes, donde hay luchadores sociales, científicos, pensadores, profesores, activistas y millones de seres humanos de carne y hueso a los que nos corre sangre por las venas, un cabeza hueca es la única persona que puede soñar con la Presidencia. Lo grave no es Peña, sino el pobre y desgraciado país que va a votar por él.



Lo que me aterra no es la absoluta falta de ideas en la cabeza vacía del mexiquense.



Pero lo que de verdad me aterra más, es la cabeza vacía de un país que lo tiene en la cima de sus preferencias. El liderato de Enrique en las encuestas, es un pésimo síntoma como nación, una señal clara o un termómetro que indica el bajísimo nivel de nuestra autoestima y lo desechables que son nuestros principios si es que existen.



Pienso en los otros candidatos favoritos que hemos tenido en épocas preelectorales, y caigo en cuenta de que nunca habíamos caído tan bajo como con el fantoche del copete. Cierto, Vicente Fox no ha leído muchos más libros que Peña. El guanajuatense de las botas es ignorante hasta el hartazgo (y miren que Borges es algo así como una liturgia en mi vida, pero aún así se lo perdono). La diferencia es que a Fox le corría sangre por las venas. Tarado, bruto, dicharachero, pero con una innegable dosis de honestidad que lo hacía humano.



Puedo entender que un votante estuviera enamorado de Fox y me parece comprensible que hubiera carisma en esas botas con bigote. Sin ser un derroche de cultura, seguro estoy que Andrés Manuel López Obrador ha leído muchos más libros que Peña y Fox juntos. AMLO no me gustaba nada y de hecho voté en su contra en 2006, pero aun así entendía perfectamente que pudiera seducir a un votante. Pese a todos sus defectos, AMLO me parece una persona honesta, con convicciones, con ideas y sobre todo, con sangre en las venas y un corazón en el pecho.



Entiendo que Fox y López Obrador hayan sido en su momento favoritos y hayan motivado a millones de mexicanos a darles su voto, pero con toda franqueza y con brutal honestidad, debo confesar que aún no puedo entender cómo alguien pueda siquiera considerar darle un voto a Peña Nieto. Con todo y sus defectos y sus fanatismos, Fox y AMLO me parecían tipos honestos. Tipos de verdad.



Peña Nieto me parece la encarnación de la falsedad, de la hipocresía, de la superficialidad. Nada, absolutamente nada me parece auténtico en ese producto del teleprompeter, de la frase vacía, del concepto prefabricado. Si Peña se convierte en presidente de México, será la confirmación y el triunfo de la teoría un libro que es ya un clásico y que por supuesto Enrique no ha leído ni sabe que existe. Me refiero al genial Homovidens de Giovanni Sartori. La mexicana es una sociedad teledirigida, una sociedad que le cree ciegamente a López Dóriga y al Teletón.



El triunfo de Peña es el triunfo de esos ridículos platos azules de Ve TV, que infestan como una plaga los desvencijados techos de lámina de las comunidades más pobres de México. El candidato perfecto para una sociedad apática, resignada y apocada a la que no le queda nada mejor que hacer que ver la tele.



El triunfo de Peña confirmaría al peor México.



Como consuelo, debo agradecerle a ese ignorante que me haya ayudado a tener las cosas claras. Por lo menos, hoy tengo la absoluta convicción de quién no quiero que gane las elecciones.

domingo, 26 de febrero de 2012

¿Votarás por el PRI?




"Va pa tras"

Por Denise Dresser
Grupo Reforma

Ciudad de México, México

Basta con ver la cara de los priistas en cualquier acto público. Basta con advertir las sonrisas
compartidas, los rostros complacidos, los abrazos entusiastas. Están felices y se les nota; están rebosantes y no lo pueden ni lo quieren ocultar. Saben que vienen de vuelta, saben que están de regreso, saben que encuesta tras encuesta los coloca en el primer lugar de las preferencias en las elecciones estatales y cada vez más cerca de recuperar el control del gobierno federal.

El PRI resurge, el PRI revive, el PRI resucita. Beneficiario del panismo incompetente y del perredismo auto-destructivo, el Revolucionario Institucional está a un paso de alcanzar el picaporte de Los Pinos tan sólo dos sexenios después de haber sido expulsado de allí.
Para muchos mexicanos esta posibilidad no es motivo de insomnio ni de preocupación. Hablan del retorno del PRI como si fuera un síntoma más de la normalidad democrática. Un indicio más de la alternancia aplaudible.

Un indicador positivo de la modernización que México ha alcanzado y que ya sería imposible revertir. "El país ya no es el mismo que el de 1988", advierten quienes no se sienten alarmados por la resurrección priista. "El PRI no podría gobernar de manera autoritaria como lo hizo alguna vez", sugieren quienes celebran los logros de la consolidación democrática. "Los priistas se verían obligados a instrumentar las reformas que hasta ahora han rechazado", auguran los oráculos del optimismo. Y ojalá tuvieran razón las voces de aquellos a quienes no les quita el sueño la posibilidad de Enrique Peña Nieto en Los Pinos, Manlio Fabio Beltrones en la Secretaría de Gobernación, Beatriz Paredes en cualquier puesto del gabinete, y Emilio Gamboa en la presidencia del PRI.

Ojalá fuera cierto que una nueva era de presidencias priistas sería señal de alternancia saludable y no de regresión lamentable. Ojalá fuera verdad que tanto el país como el PRI han cambiado lo suficiente como para prevenir el resurgimiento de las peores prácticas del pasado. Pero cualquier análisis del priismo actual contradice ese pronóstico, basado más en lo que sus proponentes quisieran ver que en la realidad circundante. Como lo escribe el columnista Tom Friedman en The New York Times, en México hoy coexisten tres grupos:

"Los Narcos, los No's y los NAFTA's": los capos, los beneficiarios del statu quo y los grupos sociales que anhelan el progreso y la modernización. Y hoy el PRI es, por definición, "El Partido del No". El que se opone a las reformas necesarias por los intereses rentistas que protege; el que rechaza las candidaturas ciudadanas por la rotación de élites que defiende; el que rehúye la modernización sindical por los "derechos adquiridos" que consagró; el que no quiere tocar a los monopolios porque fue responsable de su construcción. El PRI y sus bases son los "No's" porque constituyen la principal oposición a cualquier cambio que entrañaría abrir, privatizar, sacudir, confrontar, airear o remodelar el sistema que los priistas concibieron y del cual viven.

A quien no crea que esto es así, le sugiero que lea los discursos atávicos de Beatriz Paredes, que examine la oposición pueril de Enrique Peña Nieto a la reelección, que reflexione sobre los intereses cuestionables de Manlio Fabio Beltrones, que estudie los negocios multimillonarios de Emilio Gamboa, nuevo dirigente de la CNOP y próximo presidente del partido. Allí está el PRI clientelar, el PRI corporativo, el PRI corrupto, el PRI que realmente no cree en la participación ciudadana o en los contrapesos o en la rendición de cuentas o en la apertura de la vida sindical al escrutinio público. Si la biografía es micro-historia, entonces se vuelve indispensable desmenuzar la de Emilio Gamboa ya que su selección reciente para una de las posiciones más importantes del priismo revela mucho sobre el ideario, los principios y el modus operandi de la organización.

Emilio Gamboa, descrito en el libro coordinado por Jorge Zepeda Patterson, Los intocables, como el broker emblemático de la política mexicana; el intermediario entre el dinero y el poder político. Vinculado al Pemexgate, al quebranto patrimonial en Fonatur, al crimen organizado vía su relación con Marcela Bodenstedt y el Cártel del Golfo, a las redes de pederastia, al tráfico de influencias. De nuevo en la punta del poder dentro de su propio partido.

Ése es el PRI del 2010, y si no lo fuera, su dirigencia ya habría denunciado a Emilio Gamboa junto a tantos que se le parecen. Pero no es así. El PRI nuevo milenio y el que se apresta a gobernar a la República sigue siendo un club transexenal de corruptos acusados y corruptos exonerados; de cotos construidos sobre la intersección de la política y los negocios; de redes tejidas sobre el constante intercambio de favores y posiciones, negociadas a oscuras. En una conversación telefónica grabada y ampliamente diseminada -que a pesar de ello no ha hecho mella en su carrera política- Emilio Gamboa le dice a Kamel Nacif: "va p'a tras". Y ése es el mismo mensaje que el PRI envía sobre el país bajo su mando.
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Si estás de acuerdo con mis planteamientos, te agradecería que los reenviaras a tus amigos, parientes y contactos, en el entendido de que trato de hacer conciencia y ciudadanos críticos y participativos. México lo hacemos todos los días... ¡todos!
¡Gracias!

sábado, 25 de febrero de 2012

Despenalizar drogas ¡ya!




Una guerra absurda
Por Jaime Sánchez Susarrey

Por donde quiera que se le mire, la guerra contra las drogas ha sido un gran fracaso. Pero además, la prohibición de las drogas está haciendo agua por todos lados

La guerra contra las drogas no se puede ganar, pero sí se puede perder. Si se pudiera ganar, ya se habría ganado. El 17 de junio de 1971, Richard Nixon declaró oficialmente la guerra contra las drogas.

El 1o. de julio de 1973 fue más allá y creó la Drug Enforcement Administration (actual DEA) y la dotó en 1974 de un presupuesto de 116 millones de dólares. El objetivo era castigar la producción, distribución y consumo drogas.

Han pasado ya 41 años de la declaratoria de Nixon y el mundo es otro: el bloque socialista desapareció, la globalización ha revolucionado la economía mundial, China e India emergen como nuevas potencias y la crisis económica que empezó en 2008 está transformando los equilibrios mundiales.

En resumen, el mundo de los años sesenta y setenta nada tiene que ver con lo que hoy estamos viviendo. Sin embargo la estrategia contra las drogas es la misma. La DEA sigue allí y el gobierno de Obama asignó a la guerra contra las drogas un presupuesto de 15 mil millones de dólares para el año fiscal 2011-2012.

Por donde quiera que se le mire, la guerra contra las drogas ha sido un gran fracaso. Pero además, la prohibición de las drogas está haciendo agua por todos lados. No existe siquiera consenso acerca de cuáles drogas son más peligrosas que otras y por qué deben prohibirse.

En un estudio publicado por la revista The Lancet (1/11/10), dos asesores del gobierno británico, David Nutt y Leslie King, hicieron señalamientos heterodoxos: el primero es que el alcohol tiene un efecto más destructivo en el individuo y su entorno familiar, social y comunitario que la heroína y el crack.

El segundo, en la misma línea, fue un comentario que le costó al profesor Nutt el despido de su trabajo: consumir éxtasis, afirmó, es menos peligroso que montar a caballo.

Y en efecto, más allá de la polémica investigación de Nutt y King, los criterios para clasificar la peligrosidad de una droga son confusos e irracionales.

El Régimen Internacional de Control de Drogas (RICD), como advierte en una carta el investigador Francisco Thoumi al presidente Santos de Colombia, está conformado por tres convenciones y por un conjunto de organismos: la Comisión de Estupefacientes, la Junta Internacional de Fiscalización de Drogas (JIFE) y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD).

Todas las drogas controladas por el RICD sólo se pueden usar con fines médicos y de investigación científica. Por consiguiente, cualquier consumo recreativo, social, experimental, o ceremonial está prohibido y es calificado como un abuso.

El RICD criminaliza cualquier producción que no sea para uso médico o científico, pero es más flexible con relación al consumo, el cual puede ser simplemente una contravención a la norma -concluye Thoumi-.

Pero es ahí donde empiezan las contradicciones. Porque los datos son concluyentes: se calcula que mientras el alcohol causa 2.5 millones de muertes al año y el tabaco 5.4 millones, las drogas ilegales no ocasionan más de 200 mil decesos en todo el mundo.

La proporción, en consecuencia, no puede ser más absurda ni descabellada. Las muertes por el uso y abuso de drogas ilegales representan apenas el 3 por ciento de las que ocurren por el consumo de alcohol y tabaco.

Así que de dos cosas una: o se deberían incluir el alcohol y el tabaco dentro de las drogas prohibidas o se debería eliminar la restricción sobre el resto de las drogas ilegales, porque no hay proporción en el daño que causan a la población.

Pero el asunto tiene otra arista: el sentido profundo de la prohibición. La Convención Única Sobre Estupefacientes de 1961, enmendada por el Protocolo de 1972, de la ONU establece:

"Las partes, preocupadas por la salud física y moral de la humanidad...Reconociendo que la toxicomanía constituye un mal grave para el individuo y entraña un peligro social y económico para la humanidad...".

De ese modo, la ONU se adjudicó el derecho de preservar la salud física y moral de la humanidad. De ahí la prohibición de drogas que en otras latitudes y culturas eran toleradas y consumidas: la hoja de coca, el peyote, la marihuana, el hashish, el opio...

Pero al hacerlo, pasó por encima de los derechos elementales del individuo en una sociedad democrática y moderna. Además, del respeto que deberían haber merecido los usos y costumbres de otras culturas.

La libertad de cada uno no puede tener otro límite que no dañar la propiedad o la integridad de otras personas.

Nadie, y mucho menos el Estado, tiene derecho de imponerle al individuo una noción de salud física y mucho menos moral.

De ahí la contradicción flagrante: lo que se hace con las drogas ilegales no se hace con el alcohol y el tabaco porque la protesta social sería incontenible.

Se trata, en consecuencia, de dos varas y dos medidas. La Convención de 1961 prohibió las drogas "exóticas" (de otras culturas), pero no tocó las consumidas y admitidas en Occidente: el alcohol y el tabaco.

No hay consistencia moral ni lógica en la prohibición. La persistencia a lo largo de estos 50 años se debe, por un lado, a los prejuicios. Y, por el otro, a los intereses creados.

Hace 21 años se le preguntó a Milton Friedman, premio Nobel de Economía, liberal, defensor de la legalización de las drogas, por qué había tanta oposición a eliminar la prohibición y respondió: "... la respuesta es que hay muchos intereses creados que han surgido a partir de la actual guerra contra las drogas".

Y en efecto, los intereses creados van hoy de la burocracia de la ONU a la de Estados Unidos, incluyendo a la DEA y otros organismos gubernamentales.

Vencer su resistencia no será fácil.