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jueves, 15 de marzo de 2012

El analfabetismo de Peña Nieto


Tres libros y un copete


Por Daniel Salinas Basave*



*El autor es periodista y ganador del premio Estatal de Literatura categoría Ensayo.



La historia de México está llena de presidentes que jamás leyeron un libro en su vida. Vaya, llegamos al extremo de tener presidentes que ni siquiera sabían leer. Vicente Guerrero, héroe de la patria y segundo mandatario en la historia de la República, nunca aprendió a leer y padeció horrores para pronunciar su discurso en su toma de posesión el 1 de abril de 1829.



Pero con toda franqueza, era comprensible y hasta justificable que don Vicente no supiera leer. Un presidente encarnado en el corazón del pueblo, era coherente en su analfabetismo con un pobre país donde más del 90% de la gente no sabía distinguir las letras. De origen muy humilde, este mulato fue un arriero que se sabía de memoria las veredas y los desfiladeros de las sierras del Sur y que tenía una inteligencia natural para el combate en inferioridad numérica y de armamento.



Benito Juárez aprendió a leer a los 18 años, pero sin duda aprendió muy bien. Porfirio Díaz no era analfabeto, pero tampoco era un consumado lector y algo me hace pensar que Victoriano Huerta tampoco era un derroche de cultura, lo mismo que Álvaro Obregón, que pese a ser autor de un libro donde narra sus memorias de campaña, no lo imagino entregado a la lectura.



Ser culto tampoco garantiza ser buen presidente. José López Portillo sin duda leyó muchísimos libros (y escribió otros tantos) y seguro estoy que hubiera respondido con maestría y soberbia si un reportero le hubiera preguntado por los libros que marcaron su vida.



El problema con Enrique Peña Nieto va más allá de su analfabetismo semifuncional. El problema está en lo que hay detrás de esa absoluta ignorancia, de esa superficialidad rampante, de esa barata filosofía de las 140 palabras que le bastan para ser favorito en las encuestas. El problema está en el hueco absoluto y el vacío abismal que hay dentro de la cabeza que sostiene ese ridículo copete. El analfabetismo de Peña no me sorprende. Su figura encarna al perfecto bobo que no lee un libro en su vida. Lo que me sigue sorprendiendo y me genera una crisis de rabia e impotencia, es que semejante imbécil sea el favorito para ser el próximo Presidente de México. Vaya, en un país de más de 100 millones de habitantes, donde hay luchadores sociales, científicos, pensadores, profesores, activistas y millones de seres humanos de carne y hueso a los que nos corre sangre por las venas, un cabeza hueca es la única persona que puede soñar con la Presidencia. Lo grave no es Peña, sino el pobre y desgraciado país que va a votar por él.



Lo que me aterra no es la absoluta falta de ideas en la cabeza vacía del mexiquense.



Pero lo que de verdad me aterra más, es la cabeza vacía de un país que lo tiene en la cima de sus preferencias. El liderato de Enrique en las encuestas, es un pésimo síntoma como nación, una señal clara o un termómetro que indica el bajísimo nivel de nuestra autoestima y lo desechables que son nuestros principios si es que existen.



Pienso en los otros candidatos favoritos que hemos tenido en épocas preelectorales, y caigo en cuenta de que nunca habíamos caído tan bajo como con el fantoche del copete. Cierto, Vicente Fox no ha leído muchos más libros que Peña. El guanajuatense de las botas es ignorante hasta el hartazgo (y miren que Borges es algo así como una liturgia en mi vida, pero aún así se lo perdono). La diferencia es que a Fox le corría sangre por las venas. Tarado, bruto, dicharachero, pero con una innegable dosis de honestidad que lo hacía humano.



Puedo entender que un votante estuviera enamorado de Fox y me parece comprensible que hubiera carisma en esas botas con bigote. Sin ser un derroche de cultura, seguro estoy que Andrés Manuel López Obrador ha leído muchos más libros que Peña y Fox juntos. AMLO no me gustaba nada y de hecho voté en su contra en 2006, pero aun así entendía perfectamente que pudiera seducir a un votante. Pese a todos sus defectos, AMLO me parece una persona honesta, con convicciones, con ideas y sobre todo, con sangre en las venas y un corazón en el pecho.



Entiendo que Fox y López Obrador hayan sido en su momento favoritos y hayan motivado a millones de mexicanos a darles su voto, pero con toda franqueza y con brutal honestidad, debo confesar que aún no puedo entender cómo alguien pueda siquiera considerar darle un voto a Peña Nieto. Con todo y sus defectos y sus fanatismos, Fox y AMLO me parecían tipos honestos. Tipos de verdad.



Peña Nieto me parece la encarnación de la falsedad, de la hipocresía, de la superficialidad. Nada, absolutamente nada me parece auténtico en ese producto del teleprompeter, de la frase vacía, del concepto prefabricado. Si Peña se convierte en presidente de México, será la confirmación y el triunfo de la teoría un libro que es ya un clásico y que por supuesto Enrique no ha leído ni sabe que existe. Me refiero al genial Homovidens de Giovanni Sartori. La mexicana es una sociedad teledirigida, una sociedad que le cree ciegamente a López Dóriga y al Teletón.



El triunfo de Peña es el triunfo de esos ridículos platos azules de Ve TV, que infestan como una plaga los desvencijados techos de lámina de las comunidades más pobres de México. El candidato perfecto para una sociedad apática, resignada y apocada a la que no le queda nada mejor que hacer que ver la tele.



El triunfo de Peña confirmaría al peor México.



Como consuelo, debo agradecerle a ese ignorante que me haya ayudado a tener las cosas claras. Por lo menos, hoy tengo la absoluta convicción de quién no quiero que gane las elecciones.

domingo, 26 de febrero de 2012

¿Votarás por el PRI?




"Va pa tras"

Por Denise Dresser
Grupo Reforma

Ciudad de México, México

Basta con ver la cara de los priistas en cualquier acto público. Basta con advertir las sonrisas
compartidas, los rostros complacidos, los abrazos entusiastas. Están felices y se les nota; están rebosantes y no lo pueden ni lo quieren ocultar. Saben que vienen de vuelta, saben que están de regreso, saben que encuesta tras encuesta los coloca en el primer lugar de las preferencias en las elecciones estatales y cada vez más cerca de recuperar el control del gobierno federal.

El PRI resurge, el PRI revive, el PRI resucita. Beneficiario del panismo incompetente y del perredismo auto-destructivo, el Revolucionario Institucional está a un paso de alcanzar el picaporte de Los Pinos tan sólo dos sexenios después de haber sido expulsado de allí.
Para muchos mexicanos esta posibilidad no es motivo de insomnio ni de preocupación. Hablan del retorno del PRI como si fuera un síntoma más de la normalidad democrática. Un indicio más de la alternancia aplaudible.

Un indicador positivo de la modernización que México ha alcanzado y que ya sería imposible revertir. "El país ya no es el mismo que el de 1988", advierten quienes no se sienten alarmados por la resurrección priista. "El PRI no podría gobernar de manera autoritaria como lo hizo alguna vez", sugieren quienes celebran los logros de la consolidación democrática. "Los priistas se verían obligados a instrumentar las reformas que hasta ahora han rechazado", auguran los oráculos del optimismo. Y ojalá tuvieran razón las voces de aquellos a quienes no les quita el sueño la posibilidad de Enrique Peña Nieto en Los Pinos, Manlio Fabio Beltrones en la Secretaría de Gobernación, Beatriz Paredes en cualquier puesto del gabinete, y Emilio Gamboa en la presidencia del PRI.

Ojalá fuera cierto que una nueva era de presidencias priistas sería señal de alternancia saludable y no de regresión lamentable. Ojalá fuera verdad que tanto el país como el PRI han cambiado lo suficiente como para prevenir el resurgimiento de las peores prácticas del pasado. Pero cualquier análisis del priismo actual contradice ese pronóstico, basado más en lo que sus proponentes quisieran ver que en la realidad circundante. Como lo escribe el columnista Tom Friedman en The New York Times, en México hoy coexisten tres grupos:

"Los Narcos, los No's y los NAFTA's": los capos, los beneficiarios del statu quo y los grupos sociales que anhelan el progreso y la modernización. Y hoy el PRI es, por definición, "El Partido del No". El que se opone a las reformas necesarias por los intereses rentistas que protege; el que rechaza las candidaturas ciudadanas por la rotación de élites que defiende; el que rehúye la modernización sindical por los "derechos adquiridos" que consagró; el que no quiere tocar a los monopolios porque fue responsable de su construcción. El PRI y sus bases son los "No's" porque constituyen la principal oposición a cualquier cambio que entrañaría abrir, privatizar, sacudir, confrontar, airear o remodelar el sistema que los priistas concibieron y del cual viven.

A quien no crea que esto es así, le sugiero que lea los discursos atávicos de Beatriz Paredes, que examine la oposición pueril de Enrique Peña Nieto a la reelección, que reflexione sobre los intereses cuestionables de Manlio Fabio Beltrones, que estudie los negocios multimillonarios de Emilio Gamboa, nuevo dirigente de la CNOP y próximo presidente del partido. Allí está el PRI clientelar, el PRI corporativo, el PRI corrupto, el PRI que realmente no cree en la participación ciudadana o en los contrapesos o en la rendición de cuentas o en la apertura de la vida sindical al escrutinio público. Si la biografía es micro-historia, entonces se vuelve indispensable desmenuzar la de Emilio Gamboa ya que su selección reciente para una de las posiciones más importantes del priismo revela mucho sobre el ideario, los principios y el modus operandi de la organización.

Emilio Gamboa, descrito en el libro coordinado por Jorge Zepeda Patterson, Los intocables, como el broker emblemático de la política mexicana; el intermediario entre el dinero y el poder político. Vinculado al Pemexgate, al quebranto patrimonial en Fonatur, al crimen organizado vía su relación con Marcela Bodenstedt y el Cártel del Golfo, a las redes de pederastia, al tráfico de influencias. De nuevo en la punta del poder dentro de su propio partido.

Ése es el PRI del 2010, y si no lo fuera, su dirigencia ya habría denunciado a Emilio Gamboa junto a tantos que se le parecen. Pero no es así. El PRI nuevo milenio y el que se apresta a gobernar a la República sigue siendo un club transexenal de corruptos acusados y corruptos exonerados; de cotos construidos sobre la intersección de la política y los negocios; de redes tejidas sobre el constante intercambio de favores y posiciones, negociadas a oscuras. En una conversación telefónica grabada y ampliamente diseminada -que a pesar de ello no ha hecho mella en su carrera política- Emilio Gamboa le dice a Kamel Nacif: "va p'a tras". Y ése es el mismo mensaje que el PRI envía sobre el país bajo su mando.
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Si estás de acuerdo con mis planteamientos, te agradecería que los reenviaras a tus amigos, parientes y contactos, en el entendido de que trato de hacer conciencia y ciudadanos críticos y participativos. México lo hacemos todos los días... ¡todos!
¡Gracias!

sábado, 25 de febrero de 2012

Despenalizar drogas ¡ya!




Una guerra absurda
Por Jaime Sánchez Susarrey

Por donde quiera que se le mire, la guerra contra las drogas ha sido un gran fracaso. Pero además, la prohibición de las drogas está haciendo agua por todos lados

La guerra contra las drogas no se puede ganar, pero sí se puede perder. Si se pudiera ganar, ya se habría ganado. El 17 de junio de 1971, Richard Nixon declaró oficialmente la guerra contra las drogas.

El 1o. de julio de 1973 fue más allá y creó la Drug Enforcement Administration (actual DEA) y la dotó en 1974 de un presupuesto de 116 millones de dólares. El objetivo era castigar la producción, distribución y consumo drogas.

Han pasado ya 41 años de la declaratoria de Nixon y el mundo es otro: el bloque socialista desapareció, la globalización ha revolucionado la economía mundial, China e India emergen como nuevas potencias y la crisis económica que empezó en 2008 está transformando los equilibrios mundiales.

En resumen, el mundo de los años sesenta y setenta nada tiene que ver con lo que hoy estamos viviendo. Sin embargo la estrategia contra las drogas es la misma. La DEA sigue allí y el gobierno de Obama asignó a la guerra contra las drogas un presupuesto de 15 mil millones de dólares para el año fiscal 2011-2012.

Por donde quiera que se le mire, la guerra contra las drogas ha sido un gran fracaso. Pero además, la prohibición de las drogas está haciendo agua por todos lados. No existe siquiera consenso acerca de cuáles drogas son más peligrosas que otras y por qué deben prohibirse.

En un estudio publicado por la revista The Lancet (1/11/10), dos asesores del gobierno británico, David Nutt y Leslie King, hicieron señalamientos heterodoxos: el primero es que el alcohol tiene un efecto más destructivo en el individuo y su entorno familiar, social y comunitario que la heroína y el crack.

El segundo, en la misma línea, fue un comentario que le costó al profesor Nutt el despido de su trabajo: consumir éxtasis, afirmó, es menos peligroso que montar a caballo.

Y en efecto, más allá de la polémica investigación de Nutt y King, los criterios para clasificar la peligrosidad de una droga son confusos e irracionales.

El Régimen Internacional de Control de Drogas (RICD), como advierte en una carta el investigador Francisco Thoumi al presidente Santos de Colombia, está conformado por tres convenciones y por un conjunto de organismos: la Comisión de Estupefacientes, la Junta Internacional de Fiscalización de Drogas (JIFE) y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD).

Todas las drogas controladas por el RICD sólo se pueden usar con fines médicos y de investigación científica. Por consiguiente, cualquier consumo recreativo, social, experimental, o ceremonial está prohibido y es calificado como un abuso.

El RICD criminaliza cualquier producción que no sea para uso médico o científico, pero es más flexible con relación al consumo, el cual puede ser simplemente una contravención a la norma -concluye Thoumi-.

Pero es ahí donde empiezan las contradicciones. Porque los datos son concluyentes: se calcula que mientras el alcohol causa 2.5 millones de muertes al año y el tabaco 5.4 millones, las drogas ilegales no ocasionan más de 200 mil decesos en todo el mundo.

La proporción, en consecuencia, no puede ser más absurda ni descabellada. Las muertes por el uso y abuso de drogas ilegales representan apenas el 3 por ciento de las que ocurren por el consumo de alcohol y tabaco.

Así que de dos cosas una: o se deberían incluir el alcohol y el tabaco dentro de las drogas prohibidas o se debería eliminar la restricción sobre el resto de las drogas ilegales, porque no hay proporción en el daño que causan a la población.

Pero el asunto tiene otra arista: el sentido profundo de la prohibición. La Convención Única Sobre Estupefacientes de 1961, enmendada por el Protocolo de 1972, de la ONU establece:

"Las partes, preocupadas por la salud física y moral de la humanidad...Reconociendo que la toxicomanía constituye un mal grave para el individuo y entraña un peligro social y económico para la humanidad...".

De ese modo, la ONU se adjudicó el derecho de preservar la salud física y moral de la humanidad. De ahí la prohibición de drogas que en otras latitudes y culturas eran toleradas y consumidas: la hoja de coca, el peyote, la marihuana, el hashish, el opio...

Pero al hacerlo, pasó por encima de los derechos elementales del individuo en una sociedad democrática y moderna. Además, del respeto que deberían haber merecido los usos y costumbres de otras culturas.

La libertad de cada uno no puede tener otro límite que no dañar la propiedad o la integridad de otras personas.

Nadie, y mucho menos el Estado, tiene derecho de imponerle al individuo una noción de salud física y mucho menos moral.

De ahí la contradicción flagrante: lo que se hace con las drogas ilegales no se hace con el alcohol y el tabaco porque la protesta social sería incontenible.

Se trata, en consecuencia, de dos varas y dos medidas. La Convención de 1961 prohibió las drogas "exóticas" (de otras culturas), pero no tocó las consumidas y admitidas en Occidente: el alcohol y el tabaco.

No hay consistencia moral ni lógica en la prohibición. La persistencia a lo largo de estos 50 años se debe, por un lado, a los prejuicios. Y, por el otro, a los intereses creados.

Hace 21 años se le preguntó a Milton Friedman, premio Nobel de Economía, liberal, defensor de la legalización de las drogas, por qué había tanta oposición a eliminar la prohibición y respondió: "... la respuesta es que hay muchos intereses creados que han surgido a partir de la actual guerra contra las drogas".

Y en efecto, los intereses creados van hoy de la burocracia de la ONU a la de Estados Unidos, incluyendo a la DEA y otros organismos gubernamentales.

Vencer su resistencia no será fácil.

viernes, 13 de enero de 2012

"Esquela" de luz.


CARTÓN DE PACO CALDERÓN PUBLICADO POR "REFORMA"

Columna invitada.
Juan Villoro


La dramaturga Bárbara Colio logró una metáfora perfecta de la historia anquilosada. Su obra El día más violento, impecablemente dirigida por Mauricio Jiménez para la Compañía Nacional de Teatro, ocurre entre andamios. La protagonista es Carmen Serdán. Muchos años después de su muerte, regresa a una realidad donde los hechos de sangre sirven para erigir un confuso e interminable monumento.

Así como algunas máscaras dicen más que el rostro en que se apoyan, en un país sin brújula los andamios pueden ser más expresivos que las construcciones.

La Estela de Luz ha sido repudiada de tantos modos que ya merece el sobrenombre de Faro de las Lamentaciones. Desde el principio, el proyecto fue un despropósito monumental. La convocatoria invitó a diseñar un arco para conmemorar el bicentenario. Dejemos a un lado el reparo menor de que en la historia de las ciudades el arco se asocia con triunfalismos romanos y napoleónicos bastante alejados de la valoración de nuestra patria. Lo decisivo es que se propuso una forma concreta y numerosos arquitectos ofrecieron respuestas de interés. ¿Qué hizo el jurado? Premiar una torre.

André Breton volvió a estar en lo cierto: México es el país donde el surrealismo ocurre en la vida diaria. Poco después, el arquitecto Miquel Adri escribió un valiente artículo en Reforma, criticando la resignación de su gremio para participar en un concurso animado por la futilidad ornamental.

El proyecto ganador, a cargo de César Pérez Becerril, carecía no sólo de chiste sino de posibilidad de ser visto. Alineado junto a varios edificios (uno de ellos en construcción), no contaba con una perspectiva que pudiera realzarlo.

Mathias Goeritz y Luis Barragán idearon las Torres de Satélite para que se alzaran al fondo del paisaje como un colorido espejismo. A medida que el entorno se volvió más abigarrado, perdieron su condición de isla fantástica, pero aún es posible advertir la original determinación que las colocó en ese lugar.

No ocurre lo mismo con la Estela de Luz, que además se parece demasiado al Faro del Comercio, que el propio Barragán edificó en la Macroplaza de Monterrey.

Pérez Becerril es ajeno a lo que ocurrió después, que fue lo peor. El costo de la Estela subió de 393 a más de mil 35 millones de pesos. De acuerdo con el Colegio de Ingenieros Civiles, debió haber costado la mitad. En un acto promocional del tráfico de influencias, el gobierno federal designó como responsable de la construcción a un empleado de Gutsa, la compañía que debía edificar la torre.

En El cántaro roto, Heinrich von Kleist retrata a un juez encargado de investigar un crimen que él cometió. La trama parece una parábola del México del bicentenario. El gobierno federal se celebró a sí mismo con una obra que permitió el latrocinio.

Si Barragán trabajó con aplanados y colores populares mexicanos, la Estela destinada a festejar nuestra identidad necesitó de cuarzo comprado en Brasil y cortado en Italia. Lo más mexicano del proyecto era la tierra en que se hundía (y cuya ductilidad fue mal calculada, obligando a excavar a mayor profundidad).

Hay quienes piensan que la impuntualidad es típicamente mexicana. Incapaces de respetar virtudes patrias, los constructores respetaron ese prejuicio, con tal enjundia que el edificio quedó listo más de un año después de los pomposos festejos de septiembre de 2010. Esto obligó a una molesta comparación con el dictador Porfirio Díaz, que en 1910 inauguró a tiempo el Ángel de la Independencia y el nuevo alumbrado de la Ciudad de México. ¡Qué moderno parece nuestro pasado!

Varios funcionarios han sido inhabilitados y seguramente habrá otras sanciones. Este impulso correctivo no anula lo fundamental: ¿vale la pena gastar tanto en un adorno que ni siquiera lo es? En estas mismas páginas, el caricaturista Calderón mostró con sagacidad que, una vez encendida, la Estela de Luz recuerda al monótono anuncio de zapatos Canadá que obligaba a entrecerrar los ojos al transitar por Insurgentes.

En el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, el artista Thomas Glassford ha creado una notable escultura lumínica, inspirada en el dios nahua de la renovación, Xipe Totec. El antiguo edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, adquirió otra piel. En la noche, el bloque vertical se transforma en un bulto de sombra iluminado por el tiempo, que lastima y regenera. La Estela de Luz no resiste la comparación con el espléndido Xipe Totec de Glassford.

Prueba en piedra de la corrupción, fastuoso derroche en una nación donde la Auditoría Superior de la Federación informa que 50 mil escuelas no tienen agua potable, la Estela es un agravio de 104 metros.

El día más violento, de Bárbara Colio, muestra que en un escenario donde las metas están en trámite y los resultados son intangibles, ningún monumento resulta más elocuente que un andamio.

No hubo luz en el proyecto de Paseo de la Reforma. Felipe Calderón, presidente de un país con 50 mil muertos, inauguró una esquela.

martes, 3 de enero de 2012

La estela de "pus"




Por Roberto Zamarripa

El gobierno de Medellín, Colombia, encabezado por el periodista Alonso Salazar, regaló en la Navidad a la Comuna 13 -una de las colonias populares asediadas por décadas de la violencia y ubicadas en los cerros de la ciudad- unas escaleras eléctricas.

Lo que en los centros comerciales significa la herramienta básica para el desplazamiento de los consumidores, en la Comuna 13 se convirtió la última semana del 2011 en un medio de transporte eficaz e indispensable.

Armadas en seis tramos dobles, fabricadas en China por la empresa japonesa Fujitec, hechas de acero con escalones en fundición de aluminio, las escaleras beneficiarán a 12 mil habitantes de la Comuna.

Dividida en dos, Medellín es, en palabras de Fernando Vallejo, la ciudad de abajo, urbanizada, desarrollada, y la de arriba donde las casas se construyeron como pegotes a las laderas de los cerros pobladas de migrantes rurales envueltos después en la peor violencia provocada por el narcotráfico y la miseria.

Describió crudamente Fernando Vallejo hace dos décadas en La virgen de los sicarios: "La ciudad de abajo nunca sube a la ciudad de arriba pero lo contrario sí: los de arriba bajan, a vagar, a robar, a atracar, a matar. Quiero decir, bajan los que quedan vivos, porque a la mayoría allá arriba, allá mismo, tan cerquita de las nubes y del cielo, antes de que alcancen a bajar en su propio matadero los matan".

En el país de los sicarios, las comunas de Medellín siempre han sido proveedoras de la muerte. "En este país por unos tenis uno se mata o se hace matar. Por unos tenis apestosos estamos dispuestos a irnos a averiguar a qué huele la eternidad... Esto es por un principio de justicia: aquel a quien se los van a robar cree que es injusto que se los quiten puesto que él los pagó; y aquel que se los va a robar cree que es más injusto no tenerlos", escribió Vallejo sobre la Colombia de la última década del siglo 20, ahora espejo del México de la primera década del siglo 21.

Las escaleras eléctricas reemplazaron a 350 escalones de cemento que fueron hechos conforme las comunas crecían hacia el cielo. Así era -es todavía-, entre más arriba viven los de Medellín es que más abajo están.

Pero las escaleras eléctricas cambiaron la vida. Desde luego que primero a los ancianos y a los minusválidos e hicieron felices a los niños que el primer día querían correr hacia abajo por la escalera ascendente en el primer reto de travesura.

Más que una ocurrencia, la construcción de las escaleras eléctricas es parte del proyecto de urbanismo social fomentado por el alcalde Sergio Fajardo que hace ocho años gobernó Medellín y ahora resultó electo gobernador de Antioquia, la provincia donde está integrada la segunda ciudad más importante de Colombia.

"Tenemos que tocar todas las fibras. Conmover. Que la gente sienta que pasó algo en su comunidad. Hacemos intervenciones integrales con educación, ciencia, tecnología, entendimiento, cultura. Todo eso va junto, es el paquete", juzga Sergio Fajardo (Enfoque, 15/08/10).

La clave, según el matemático hecho político, es la arquitectura para la recuperación del espacio público bajo la divisa de "lo más bello para los más humildes" que se asocia con la capacidad y con la dignidad. Con la autoestima.

"Rompemos la idea de siempre, de que a una persona pobre hay que darle cualquier cosa. Migajas", sustenta Fajardo.

En la Comuna 13 se construyeron antes que las escaleras eléctricas tres colegios, una mega biblioteca con conexión a internet de banda ancha y parques públicos para los pobladores.

Las escaleras eléctricas suplieron la caminata infernal equivalente a ascender 23 pisos de un edificio y lo que demoraba hasta una hora se convirtió en minutos. Un pequeño escalón mecánico, un cambio enorme en la vida.

¿Cuánto costaron las escaleras eléctricas para la comuna de Medellín? El equivalente a 72 millones de pesos mexicanos.

¿Cuánto costó el regalo mexicano de Año Nuevo, la Estela de Luz enclavada en Paseo de la Reforma? Más de mil millones de pesos, el equivalente a 15 escaleras eléctricas en una zona marginal.

Qué diferencia. Allá se piensa en la arquitectura como palanca de integración social. Acá la arquitectura para los gobiernos mexicanos sigue siendo el instrumento de fastuosidad, de la huella de poder que marca el alejamiento de las necesidades sociales.

En Medellín hacen gobierno con la divisa de que lo más bello debe ser para los más pobres. Acá los funcionarios panistas se tapan la nariz y presumen su racismo en Facebook porque se sienten asqueados del olor de los indios michoacanos. El dinero público no lo invierten en los pobres; se lo roban para hacerse ricos. Allá en Navidad regalan una escalera al cielo para los marginados. Acá en Año Nuevo erigen una Estela que según sus promotores destella luz para la eternidad. En realidad el monumento inútil supura. Es la Estela de pus.

Seguramente la Estela maravillará con su luminosidad. Babearemos por el monumento. Lamentaremos la inutilidad, el derroche y la estafa.

lunes, 2 de enero de 2012

Celebración del totalitarismo




Por Jesús Silva-Herzog Márquez

En esa fantástica alacena que es el blog de Guillermo Sheridan encontré una nota que creí producto de su imaginación. Un texto inverosímil cuyo motivo y redacción parecían una parodia de la política de otro tiempo. Lo firmaba la Comisión Nacional Ejecutiva del Partido del Trabajo de México.

"El Partido del Trabajo de México lamenta el sensible deceso de nuestro camarada Kim Jong Il, líder del pueblo de Corea del Norte, y quien con gran sabiduría condujo a los norcoreanos por el camino de la paz y el desarrollo económico, político, social y cultural. Sus aportaciones son, sin duda, un legado de suma importancia para todos los pueblos que buscan su liberación de las cadenas del capitalismo salvaje, siguiendo el ejemplo de su padre Kim Il Sung, fundador de la República Popular Democrática de Corea, quien hasta el último aliento luchó por un mejor país. Reconocemos en ellos su liderazgo y su fortaleza para conducir los destinos de su gran nación.

"Descanse en paz".

¿Era posible que un partido político mexicano elogiara a Kim Jong Il como un líder sabio y ejemplar que condujo a su país... al desarrollo? Al leer el texto pensé que esto era una parodia de Sheridan. Un remedo de la oratoria de la izquierda cavernaria que sigue celebrando a las tiranías que están del lado correcto de la Historia. Llamar "camarada" a Kim Jong Il tenía su gracia, pero era mucho más simpático celebrar su "legado". Hablar de Kim Kong Il como el estadista que condujo al desarrollo es como elogiar las contribuciones de Hitler a la convivencia en la diversidad. El texto del Partido del Trabajo era más inverosímil al subrayar -tendría que ser irónicamente- la integridad del desarrollo norcoreano: desarrollo económico, político, social y cultural, decía el lamento del PT.

Convencido de que se trataba de una parodia, brinqué a la página del Partido del Trabajo para escuchar el himno que canta a una "morena madre de la nación", y encontrar el comunicado lamentando el deceso de su camarada. El texto en el blog de Sheridan no era una parodia. La Comisión Nacional Ejecutiva del PT efectivamente expresaba su pesar por el deceso de un gobernante al que consideraba sabio y cuyo legado admiraba como ejemplo para combatir al capitalismo salvaje. El estalinismo norcoreano era celebrado por el Partido del Trabajo como si fuera un faro en la oscuridad neoliberal. De todas las autocracias contemporáneas no hay ninguna política tan grotesca, tan abominable, tan contraria a los derechos elementales, tan perniciosa para su población como el totalitarismo norcoreano que los petistas elogian. Corea del Norte es lo peor de lo peor, la mayor opresión política, la mayor miseria económica del planeta, decía con justicia Christopher Hitchens.

El PT elogia el desarrollo económico de un país que aparece en las imágenes de satélite como un agujero negro por la noche. Frente a la electrificación de los vecinos, Corea del Norte es la oscuridad total. Elogia la política económica que produjo una de las hambrunas más devastadoras de la historia reciente del planeta. Una escasez que, según algunos reportes, llevó a la muerte de casi el 10% de la población norcoreana. Para el sabio líder fue mucho más importante la conversión de su país en una potencia militar que en un proveedor de alimentos para su gente.

El PT elogia el desarrollo político de un país que es, en la expresión de Hitchens, una tanatocracia. Tal vez a los legisladores del PT empeñados en la reforma del Estado les resulta interesante la figura de su constitución que establece la presidencia eterna de Kim Il Sung. En efecto, en Corea del Norte gobierna un muerto y en su nombre gobiernan sus descendientes sobrehumanos. Según la biografía oficial del camarada, dos arcoíris, el canto de una golondrina y una nueva estrella celebraron su nacimiento. El sabio dirigente fue padre de la patria, sabio y amado líder, rayo del sol, destino nacional, comandante victorioso y de férrea voluntad, descendiente de los cielos, estrella del futuro. Ese régimen elogia el PT: una dictadura dinástica en el que los gobernantes son tratados como dioses, donde la disidencia es un crimen, donde la única diversidad política proviene de los estados de ánimo del amado tirano. Millones podían morir de hambre a su lado pero nunca faltó buen cognac para el bienamado Sol del Socialismo.

El PT elogia también el desarrollo cultural de Corea del Norte. Será quizá que le convence a sus dirigentes esa ridícula filosofía que Kim Il Sung y su hijo convirtieron en Idea Oficial. Será tal vez que disfrutan la producción cinematográfica de este admirador de Hollywood que llegó a secuestrar durante años a un director surcoreano para producir joyas de la cinematografía universal como Pulgasari, un genial Godzilla anticapitalista.

Me uno a Guillermo Sheridan en esperanza de que los integrantes del Partido del Trabajo, incluyendo a su candidato presidencial, encuentren resignación ante la irreparable pérdida de su camarada.


http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com/
Twitter: @jshm00

sábado, 24 de diciembre de 2011

La navidad



La mentira con foquitos de colores
la pederastia que pontifica
el abuso que perdona
la hipocresía envuelta para regalo
la mendacidad canonizada
la estulticia devota
la nada de oropel
la sinrazón empecinada
el milagro de papel
el rito fenicio
la inteligencia hecha añicos
la nada, la nada
la superstición con villancicos.

Eso fue lo que respondí cuando me preguntaron: ¿para ti qué significa la navidad?.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Carta a Felipe Calderón.

Esta es una colaboración invitada. La Periodista Isabel Arvide dirige carta a Felipe Calderón en respuesta a comunicación epistolar que el reportero camarógrafo Epigmenio Ibarra dirigiera a su vez al Presidente.


México, D. F., a 22 de diciembre del 2012.



Señor Presidente de la República,

Felipe Calderón Hinojosa,

Presente.



Señor Presidente,

Cada vez que escucho la manera en que líderes de opinión, que me merecen todo respeto, insisten en responsabilizarlo del “baño de sangre” que hemos padecido estos años, pienso con infinita indignación en la apatía de tantos gobernadores, jefes policiacos, políticos, generales que teniendo la obligación constitucional de garantizar paz social a la sociedad prefieren instalarse en la cómoda poltrona de la evasión.

Y entonces quisiera que gente como Epigmenio Ibarra, que ha visto desde muy cerca la crueldad de otras guerras fratricidas, mirasen hacía ellos.

Ese es el punto de balance que tanto necesitamos los mexicanos ya no para asimilar nuestra realidad sino, simplemente, para poder repartir responsabilidades de forma que en el futuro, inmediato y de largo plazo, no se cometan los mismos errores.

Que miedo, honestamente, que pánico inmenso que aquel que vaya a gobernarnos los próximos años opte por esta posición de falsa redención que hoy, de cara a los procesos electorales, resulta tan redituable. Las vestiduras que tantos hombres y mujeres públicas se desgarran en nombre de los muertos ignoran, precisamente, a los asesinos.

Borran de todo análisis el círculo vicioso de la impunidad que los gobernantes, y aquí me permito incluir por igual a los procuradores de justicia, a los titulares de seguridad pública estatal, a los presidentes municipales, a los directores de policías locales, han propiciado históricamente. Que en años recientes permitieron un deterioro social inconmensurable.

Y que usted, con una valentía que para algunos raya la estupidez y para otros, yo entre ellos, lo coloca en una tesitura de valentía que la historia habrá de reconocerle, decidió romper desde el primer día de su sexenio.

¿Quieren quemarlo en todas las hogueras públicas por ello? Bienvenida la reacción torpe o malintencionada de tantos porque permite con mayor claridad poner a cada uno en el sitio que han elegido tomar en estas batallas.

Los gobernadores, me consta tanto en primera persona, son los más ajenos y temerosos del tema “seguridad”. A no ser por la “indispensable” supervisión en los paquetes de adquisición de armamento que resultan tan productivos en sus economías particulares, optan por un frío alejamiento. Incluso, como ha sucedido en tantas entidades estos años, cuando la realidad les estalla en miles de cadáveres y otros muchos más desaparecidos.

Su contabilidad es otra. Su tiempo es muy valioso. Yo tengo más de treinta y cinco años de tratar con los gobernantes de este país, de hablar con ellos, de pelearme con ellos, de trabajar para ellos ahora en el tema de seguridad, por eso necesito contarle de mi desesperanzada desesperación ante su falta de tiempo para siquiera discutir esto.

Ya no conmigo, o no solamente conmigo sino con las autoridades federales comisionadas a su entidad o con aquellos que fueron contratados para encabezar sus propias instituciones. La excepción, minoría que se cuenta con los dedos de las manos, es de aquellos que se reúnen algunos minutos al día para discutir el tema de la violencia, que están enterados, que quieren saber de la corrupción vigente en su alrededor.

Si todos los gobernadores, presidentes municipales, autoridades legislativas, líderes sociales le dedicasen una hora al día a estudiar el problema de la inseguridad, de la violencia, de la criminalidad, otro muy distinto sería nuestro país.

Los gobernantes de este sexenio, a diferencia suya, no han tenido tiempo para atender la violencia, ni han contado con la voluntad política para limpiar, profesionalizar, cambiar siquiera un poco sus policías locales. Menos todavía sus cárceles que son imperios del delito.

Y cada vez que son cuestionados públicamente, que acuden a reuniones nacionales, o que los sicarios les avientan decenas de cadáveres, de mantas, de cabezas en sus calles, salen a decir lo contrario.

Cuando me preguntan porque mi empatía hacía usted, especialmente en este ámbito, respondo que no he conocido mandatario mejor informado, más atento, más dispuesto a escuchar y a actuar que usted. Y sí, coincido con mis amigos, mayoría priísta en el poder local, en afirmar que usted es monotemático y hasta monoaural en esto de la Seguridad… para bien de la República.

Yo he constatado la inmensa desidia de los gobernantes para encontrar a los responsables de los crímenes, de los más de sesenta mil muertos que llevamos a cuestas todos los mexicanos. Y eso se ha hecho vicio compartido, costumbre suicida y perversa en todos los sectores sociales. Tanto así que hoy por hoy tenemos como personajes públicos, como famosos que asemejan artistas de cine, a deudos de estas víctimas que han optado por vivir su duelo en la búsqueda de la justicia.

Justicia que las autoridades locales no ofrecieron en su momento a todos los padres, las madres, los hijos, los hermanos de las muertas de Juárez. Porque ahí comenzó el gran deterioro del país. Y ahí, en esa frontera terrible, comenzaron también los levantones y las desapariciones forzadas de cara a la mayor indiferencia de las autoridades. Gobiernos panistas y priístas de por medio porque, usted sabe Señor Presidente, esto de la desidia frente a la muerte no tiene siglas partidistas.

Fue más cómodo, en Chihuahua y en muchas otras partes del país, en las cabañas de Los Pinos, al menos en lo inmediato, negar la realidad de estas muertes, de las miles de desapariciones que ya existían antes de llegar Felipe Calderón Hinojosa al poder presidencial.

Pero los mexicanos, muchos críticos suyos Señor, tenemos mala memoria a voluntad. Olvidamos lo que nos molesta al hacer un análisis totalitario donde la necedad, hoy lo vivimos, sustituye a la realidad.

Viví de la mano de mi entrañable José Luis Santiago Vasconcelos la desidia oficial en los centros de mando federales el sexenio pasado, lo que remitió su labor –invaluable por lo que tuvo de valor y honestidad personal- a unas cuantas detenciones de personajes importantes dentro del poder del crimen organizado. No tenía policías, recursos, apoyo oficial más que de manera muy limitada. Por algo el Ejército pagó su funeral.

Entonces no se hizo nada para limpiar la miasma de la policías locales, y apenas comenzó el esfuerzo de transformación de las policías federales. Y los muertos ahí estaban, apestando también, pero sin la notoriedad que hoy le han otorgado los medios de comunicación que tal vez a su pesar han trabajado como “voceros”, jefes de prensa, de los criminales.

No nos preguntamos quiénes son los asesinos. Y lo sabemos. No nos preguntamos por qué las policías, las autoridades locales no hacen su trabajo y detienen a esos asesinos. Y sabemos la respuesta. Las hazañas de los padres que han logrado detener, poner detrás de las rejas, a los verdugos de sus hijos destacan en este mar de corrupción oficial, precisamente por ser excepciones. Usted encontró un país donde el sistema todo de aplicación de justicia está al servicio de los poderosos, donde todos somos presuntos culpables, donde los inocentes pueden purgar condenas eternas por robarse un pan y los culpables comprar su libertad con pacas de dólares.

Pero hoy le pretenden cobrar, a usted, porque sí, el pecado mayor de señalar la corrupción, palabra tan repetida como desgastada este sexenio, de los jueces que han dejado en libertad a tantos.

¿Qué nos pasa? ¿Dónde erramos tanto el camino? Yo me lo pregunto cada día, y como envejezco tengo menos respuestas y más interrogantes.

Conservo certezas que me permiten el ejercicio de mirarse de frente al espejo cada mañana, entre ellas la certidumbre inmensa, crucial, total y completa de no querer vivir de rodillas frente a una bola de mugrosos asesinos, de facinerosos oportunistas que cuentan con protección oficial para asesinar. Porque usted y yo y muchos más sabemos que detrás de cada crimen, de cada muerte, de cada “levantón”, hay policías locales que sirven, que trabajan como protectores de los asesinos. Y eso es lo que no han querido cambiar sus jefes.

Yo, creo que muchos, cientos de miles de mexicanos, hemos hecho nuestra parte para que ellos no ganen esta guerra. Y, a diferencia del señor Epigmenio Ibarra, yo he recogido muertos para entregarlos a sus familias. Muertos que fueron a combatir a estos criminales, a intentar limpiar estas policías, a cambiar esta realidad, muertos que habitan para siempre mis sueños y mis pesadillas. Muertos a los que no les llegaron los viáticos, los chalecos antibalas, los coches blindados a tiempo por una burocracia que no entiende nada del tema de seguridad, tal vez porque no es asunto de comisiones a repartir entre compadres.

Cuando los muertos son propios, son parte de ese afán de cambiar la realidad, de hacer algo para vencer a los verdaderos enemigos, a los asesinos, a los secuestradores, cambia el enjuiciamiento. Se modifica el ángulo de visión de la verdad.

Mejor que nadie conozco la fuerza de la crítica, de la palabra escrita, de las “Cartas” contra los gobernantes. He pagado con exceso



mi cuota por acceder al privilegio de la libertad de expresión. Por eso, justamente, estoy en la convulsionada necesidad de gritar que no es así, que no hay un solo argumento que tenga peso moral (No me refiero al árbol que da moras…) suficiente para culparlo a usted de la muerte de miles de mexicanos que fueron víctimas de organizaciones criminales que surgieron bajo la protección de gobiernos y sociedades que creyeron que había impunidad en estas asociaciones, maridajes perversos, que la convivencia con ellos era posible sin pagar consecuencias.

Si así fuese, si se tratase de llevar su caso a tribunales extranjeros, y la sola mención eriza mi piel educada en escuelas públicas donde la Patria se escribía con mayúsculas y nada del extranjero podía ser otra cosa que intromisión inaceptable en la soberanía nacional, permítame ser juzgada a su lado. Nada podía enaltecer más mi convicción de que en esta guerra, que eso lo es lo que vivimos una guerra con enemigos conocidos, usted está del lado correcto y yo quiero estar siempre de ese lado, donde no tienen cabida los criminales.



ISABEL ARVIDE

domingo, 11 de diciembre de 2011

Sobre el culto guadalupano



"Ixtus: ¿Existió Juan Diego?
Schulenburg: No. Es un símbolo, no una realidad.
Ixtus: ¿Entonces cómo encaja la beatificación que de él hizo el papa?
Schulenburg: Esa beatificación es un reconocimiento de culto, no es un reconocimiento de la existencia física y real del personaje; por lo mismo, no es propiamente una beatificación".
Fragmento de la entrevista concedida en 1995 por Guillermo Schulemburg , entonces Abad de la Basílica de Guadalupe, a la revista católica Ixtus.



Este día doce se llevará a cabo una festividad más de la llamada virgen de Guadalupe, culto idólatra establecido a mediados del siglo XVI en la entonces Nueva España. Si bien la leyenda ubica las "apariciones" en el año de 1531 estando Fray Juan de Zumárraga a la cabeza de la iglesia católica, en realidad el origen del culto tuvo lugar durante la gestión del sucesor de Zumárraga, el granadino Alonso de Montúfar en 1555 quien preocupado por las numerosas peregrinaciones que se seguían efectuando al cerro de "tepeyeacac" para visitar a "tonantzin" (nuestra madre o madre de los dioses) en detrimento de las creencias católicas, hizo colocar furtivamente en la cueva de Tonantzin una pintura de la María bíblica con razgos indígenas atribuída al artista indio Marcos Cipac de Aquino. Al correrse la voz de la "aparición" de la pintura, con el tiempo y la vocación mágica de los indios se pasó a las apariciones de la propia María, leyenda que quedó formalmente asentada en el Nican Mopohua publicado en 1649. El icono religioso ha sido acompañante de sucesos importantes de la historia de México y aun dentro de la propia iglesia católica ha tenido detractores como Fray Servando Teresa de Mier en el siglo XIX y en el siglo pasado Guillermo Schulemburg.

Cabe mencionar que Fray Juan de Zumárraga, primer jefe de la iglesia católica en la Nueva España, constantemente escribía al Rey de España Carlos V para informarle de lo relevante, amén de sus memorias y diario. En ningún texto de Zumárraga se encuentra comentario alguno a suceso "sobrenatural" tan asombroso.

martes, 6 de diciembre de 2011

¿De izquierda?



Por Sergio Sarmiento

"Nuestra pobreza puede medirse por el número y suntuosidad de las fiestas populares".

Octavio Paz


¿Qué es un gobierno de izquierda? Supongo que es uno en que los gobernantes hacen cuando menos el esfuerzo por reducir la pobreza y mejorar la distribución de la riqueza. Un régimen que derrocha el dinero público en fiestas y circo, y que toma medidas para empobrecer a los más pobres, no puede ser de izquierda. Por eso estoy convencido de que el actual gobierno perredista del Distrito Federal no lo es.

Ayer la administración de Marcelo Ebrard presentó un concierto "gratuito" de la cantante estadounidense Britney Spears en el Monumento a la Revolución. Poco tiene de progresista este espectáculo, pero además el contrato firmado con la intérprete ha sido clasificado como confidencial. Algo quiere ocultar el gobierno que no desea que los contribuyentes que deben pagar los costos se enteren de las condiciones en que se contrató el espectáculo. Difícilmente es ésta una medida de un gobierno de izquierda.

La tarde y noche del sábado se inauguraron también una pista de hielo, un gigantesco árbol de Navidad (un símbolo religioso) y adornos iluminados en el Zócalo de la ciudad de México. Para el espectáculo inaugural se cerró a la circulación de vehículos en el primer cuadro del centro de la ciudad.

Ayer domingo, además del cierre por la mañana del Paseo de la Reforma para el ya habitual paseo en bicicleta, y de clausuras adicionales en Reforma y el segundo piso del Periférico para la realización de carreras deportivas, se mantuvo cerrada Reforma por la tarde para un desfile de carros alegóricos. Se colocaron además en el paseo una serie de nacimientos, expresión fundamental de la fe católica en las fiestas navideñas.

Mientras esto ocurre, el gobierno de la ciudad mantiene un proceso en los tribunales para defender su Norma 29. Esta prohíbe la instalación de supermercados o tiendas de conveniencia en las zonas más pobres de la ciudad. El argumento ostensible es el de proteger los márgenes de ganancia de los mercados públicos y mercados sobre ruedas, que ya reciben subsidios y tratos preferenciales del gobierno, como el poder instalarse en las calles (un ejemplo típico de privatización de un bien público para beneficio privado). La razón de fondo es obtener el voto y la movilización de los locatarios y beneficiarios de estas concesiones en los comicios de 2012.

La consecuencia económica natural de esta Norma 29 es la de condenar a las personas más pobres de la ciudad a pagar más por los productos que consumen o a tener que transportarse largas distancias, con el costo que esto implica, para tener acceso a productos con mejor precio o calidad. Además se impide la realización de nuevas inversiones y la creación de nuevos empleos. Los proyectos de nuevos comercios tendrán que concentrarse en las zonas más prósperas de la capital, donde ya hay abundancia de ellos, o tendrán que trasladarse al estado de México.

Un gobierno que utiliza los recursos públicos para fiestas, adornos y conciertos, y que prohíbe las inversiones productivas que puedan generar un mejor nivel de vida entre la población, no puede ser considerado de izquierda. Se trata, en el mejor de los casos, de un régimen populista, y en el peor de uno de derecha. Lo curioso es que el propio Marcelo Ebrard y sus funcionarios afirman constantemente pertenecer a un gobierno de izquierda. Lo que les interesa es el nombre, que consideran políticamente rentable, porque las políticas de izquierda en realidad brillan por su ausencia.