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viernes, 10 de abril de 2009

Que me lleve la tristeza II


Finalmente hoy, viernes diez, viernes ¿santo? cumplí con la manda. Sacrificadamente acudí a Coyoacán y me hice presente en "La Guadalupana" a fin de brindar, en ambos sentidos, un homenaje a Marcial Alejandro, recientemente fallecido y frecuente huésped de esa cantina cuyas paredes ornadas con motivos taurinos y cuyas viandas sápidas rodeadas del ambiente bullicioso y nostálgico de Coyoacán (todos los coyotes somos guadalupanos) se disfrutan con deleite y alegría, alegría de vida. Coyoacán es mágico. Pasear por su centro siempre concurrido mientras se absorve el aroma de los inciensos entre puestos de tatuajes, perforaciones, huaraches, libros y alimentos es una experiencia mística. Señaladamente en esta temporada de calor hemos de añadir a las muchachas hermosas en pantaloncitos o minifaldas a cuya vista la reconciliación con la vida es inevitable. No importa nuestra clase política rapaz, no cuentan los curas mentirosos y avaros ni los microbuseros sin autoestima...están las muchachas. Viva Coyoacán, Viva Marcial Alejandro cuyo Fandango ya no es de este mundo y vivan las jovencitas en su frescura, en su tersura, en su hermosura.

lunes, 23 de marzo de 2009

Que me lleve la risteza.





La trova, la bohemia y sus secuaces estamos de luto. A sus muy, pero muy prematuros cincuenta y cinco años dejó de existir el día de ayer Marcial Alejandro. Decir que un creador, un artista no es comercial es pretender erigir una apología barata en un muy discutible afán de reivindicación idealista. Todos, médicos, abogados, asesinos, políticos, tienen, tenemos una agenda que pasa por la consecución de la chuleta, no nos engañemos; pero aún así, hay jerarquías y Marcial se ubica en las más elevadas. El año de 1985 marca su acceso a las alturas al ganar el Festival Internacional OTI en Sevilla España (previamente y como es obvio había ganado el OTI nacional) con la inenarrable interpretación de una de las mejores voces que tenemos, Eugenia ("la bien nacida") León. Poeta sin pretensiones pero sobre todo músico a cabalidad y con entusiasmo, su partida no nos deja más opción que regresar, esta misma semana de ser posible, a la entrañable "Guadalupana" de Coyoacán (si algún guadalupanismo me permite mi ateísmo militante es inevitablemente coyoacanense) a brindar con un tequila y unas albóndigas a la memoria de Marcial (qué pena de su deplorable tocayo pederasta y drogadicto) Alejandro. Que me lleve la tristeza.